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Expérience

Estrategias participativas para consolidar prácticas que aporten a la mitigación del cambio climático en zonas rurales

“Evaluación y desarrollo de alternativas de mitigación del cambio climático de diferentes agroecosistemas” en el departamento de Nariño, Colombia

Par Angela Vejarano

9 juillet 2013

El proyecto “Evaluación y desarrollo de alternativas de mitigación del cambio climático de diferentes agroecosistemas” se realizó entre 2008 y 2010 en cuatro municipios del departamento de Nariño, Colombia. Su objetivo fue el de evaluar y desarrollar alternativas que enfrenten el cambio climático desde el manejo que las comunidades rurales hacen de sus agroecosistemas, es decir, del tipo de actividades agrícolas que se manejan en la zona. En esa medida, la estrategia principal del grupo de investigación encargado fue impulsar la implementación de sistemas agroforestales en las fincas estudiadas para aportar en el almacenamiento de carbono, a la vez que se protegieran las cuencas hidrográficas y la biodiversidad de la zona. La presente ficha de experiencia busca resaltar el tratamiento participativo que tuvo el proyecto frente al trabajo con comunidades, lo que representó avances en el cambio de sus prácticas y técnicas tradicionales, a favor del medio natural y como mecanismos de mitigación del cambio climático. Este proyecto también propone mecanismos de mitigación del cambio climático.

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En el marco del proyecto “Ciudades colombianas y cambio climático”, trabajado en conjunto con la Agencia Francesa para el Desarrollo, Fedesarrollo y la Fundación Ciudad Humana; el Instituto de Investigación y Debate sobre Gobernanza (IRG) identificó diferentes experiencias que aportan a la reflexión sobre la adaptación y/o mitigación del cambio climático. Una de ellas fue el proyecto “Evaluación y desarrollo de alternativas de mitigación del cambio climático de diferentes agroecosistemas”, adelantado en el departamento de Nariño, suroccidente colombiano. Esta experiencia retrata uno de los tantos proyectos que existen para propiciar la adaptación o mitigación del cambio climático en las zonas rurales del país, las cuales representan la mayor parte del territorio colombiano y se consolidan como indiscutibles fuentes de abastecimiento de bienes y servicios para las ciudades . Por otro lado, los objetivos y metodología específica de este proyecto se basan en un enfoque participativo y horizontal entre los saberes de los investigadores y de los indígenas y campesinos que se involucraron en el mismo, de manera que la presente ficha de experiencia intenta mostrar la pertinencia de este tipo de perspectivas en proyectos sobre cambio climático.

En el año 2008 el Ministerio de Agricultura de Colombia lanzó una serie de convocatorias que beneficiaron a numerosos proyectos de investigación dedicados a estudiar y mejorar diferentes cadenas productivas como carne bovina, lácteos, caucho, fique, flores y follajes de exportación, entre otros. Algunos de estos proyectos se formularon con los enfoques transversales de agricultura o cambio climático. Sobre este último se basó el proyecto “Evaluación y desarrollo de alternativas de mitigación del cambio climático de diferentes agroecosistemas” que se desarrolló entre 2008 y 2010 en el departamento de Nariño y que fue impulsado por la Sociedad de Agricultores y Ganaderos de Nariño-SAGAN, la Universidad de Nariño y la Fundación Biofuturo (organización sin ánimo de lucro que se especializa en diferentes técnicas y sistemas de información geográfica para diagnosticar la distribución de especies, valorar servicios ecosistémicos y evaluar cantidades de carbono de un territorio). Como su nombre lo indica, el objetivo central del proyecto fue “evaluar y desarrollar alternativas de adaptación y mitigación de los efectos de cambio climático en el manejo de los agroecosistemas”. En este sentido, hubo un acercamiento directo con los habitantes de las zonas rurales donde se adelantó el estudio, logrando que las comunidades trabajadoras de dichos agroecosistemas (ecosistemas intervenidos para el desarrollo de actividades agrícolas y/o pecuarias) modificaran prácticas tradicionales hacia unas sostenibles y adecuadas para propiciar la captura de carbono en sus fincas.

El estudio se realizó en cuatro (04) municipios de Nariño: Guachucal, Cumbal, Pupiales y Pasto; éste último, ciudad capital del departamento. Esta es una región que se caracteriza por el complejo montañoso en que se encuentra y la altura a la que se hallan sus municipios y ciudades, lo que implica una generalizada temperatura baja. Por esta razón, la población rural de los municipios mencionados se dedica al manejo del ganado y al cultivo de papa, principalmente. De acuerdo a José Aníbal León Guevara, coordinador general del proyecto, se tomó una muestra de 400 productores para el estudio, de los cuales 300 eran indígenas de Guachucal, Cumbal y Pupiales, y 100 eran campesinos de las áreas rurales de Pasto . Así, el trabajo de este estudio se caracterizó por tener un fuerte componente participativo a lo largo de su desarrollo, de manera que las comunidades fueran involucradas no sólo en las capacitaciones propias que buscaban generar prácticas sostenibles, sino en la identificación y priorización de las problemáticas y posibilidades de sus fincas en cuanto a servicios ambientales se refiere, así como en la valoración económica que pueden generar los mismos.

Los “servicios ambientales” son los beneficios que otorga la siembra de determinadas plantas en un terreno. Por ejemplo, cuando en una finca se siembran árboles –que en principio no hacen parte de los cultivos a los que esa finca se dedica- éstos pueden “proveer de sombra y alimento para el ganado; así mismo, pueden dar materiales como leña, madera, frutos, forrajes y ayudar a conservar las fuentes de agua que abastecen a las fincas y los suelos para las producciones de bienes de mercado”. Cuando en un territorio se encuentran estos servicios ambientales manejados de forma armónica o asociada con los cultivos agrícolas o los animales, puede decirse que en esa área se encuentra un “sistema agroforestal”. Ahora bien, además de los beneficios sobre la diversificación de la producción, el control de microclimas y la mejora en la productividad de los suelos (por el aumento del nivel de materia orgánica); los sistemas agroforestales también proporcionan la ventaja de lograr capturar y almacenar CO2 a partir del aumento de árboles, forrajes o arbustos sembrados. Es decir, la mitigación del cambio climático mediante un sistema agroforestal se logra a partir de la captura de CO2 por la ampliación de la siembra de árboles y forrajes, los cuales pueden reemplazar estructuras no naturales como cercas o techos (por ejemplo, en vez de instalar una cerca de cemento, alambre, ladrillo u otro material para delimitar una zona, se pueden sembrar hileras de forrajes que cumplen con la misma función de la cerca). Asimismo, si se logran mantener zonas forestales en una finca, los niveles de deforestación se reducen, lo que también contribuye a la mitigación del cambio climático. Finalmente, otra de las prácticas sostenibles que se dan en un sistema agroforestal, se relaciona con el manejo de los residuos. Efectivamente, aquellos desechos orgánicos producto de la actividad ganadera y agrícola, pueden ser utilizados luego para la producción de gas y fertilizantes, reduciendo así los niveles de contaminación.

En este sentido, las actividades que los actores académicos trabajaron en conjunto con la comunidad fueron:

  • Reconocer los bienes de los servicios ambientales que se generan en las fincas a través de la identificación y cuantificación de los usos actuales del suelo

  • Determinar y priorizar los principales problemas que afectan la producción y generación de servicios ambientales en las fincas

  • Disminuir las actividades de uso no apropiado del suelo, adoptando prácticas agroforestales para minimizar el impacto de baja productividad en dichas áreas

  • Capacitar en el proceso de generación de servicios ambientales

  • Implementar el componente arbóreo con especies nativas en el manejo de los agroecosistemas restaurados

  • Evaluar el almacenamiento de carbono en parcelas permanentes de los sistemas agroforestales (SAFs) y en los diferentes usos del suelo identificado en las fincas de los usuarios, mediante tecnologías aprobadas

  • Difundir tecnologías agroforestales compatibles con las necesidades ambientales y socioeconómicas de la región, conducentes a la apropiación de dichos sistemas con enfoque de PSA (Pago por Servicios Ambientales)1

El PSA se refiere al incentivo que recibe un actor o entidad “por un uso del suelo que permite la conservación o recuperación de los ecosistemas naturales y en consecuencia la provisión y/o mejoramiento de los servicios ambientales”. Así, el proyecto “Evaluación y desarrollo de alternativas de mitigación del cambio climático de diferentes agroecosistemas” buscaba calcular el valor económico que conlleva generar servicios como la captura de carbono, el embellecimiento del paisaje y la conservación de la biodiversidad. Todo esto, en aras de encontrar los beneficios económicos existentes y potenciales en las fincas a partir de la estimación de los costos asociados al uso de los recursos con y sin un manejo de sistemas agroforestales. En este sentido, en las comunidades se podían plantear dos escenarios: por un lado, podría ocurrir que las prácticas y técnicas propuestas por los investigadores (relacionadas con el uso adecuado del suelo) fuesen adoptadas por los campesinos, al evidenciar una maximización de sus ingresos o el aumento del bienestar de sus familias a mediano o largo plazo. Por otro lado, si la incorporación de dichas prácticas y técnicas no representaba mayores ganancias para una comunidad, la aplicación de las mismas podría representar costos de oportunidad, representados en los ingresos no percibidos por la abstención de generar prácticas no adecuadas, poco sostenibles con el medio ambiente o que no generan algún tipo de mitigación al cambio climático. Es allí donde la pérdida de ganancias puede compensarse mediante el PSA, lo que impulsó a los investigadores del proyecto a consolidar un convenio con Alquería, una empresa de producción y distribución de productos lácteos y bebidas. Este convenio consistía en que las comunidades adoptarían las prácticas sostenibles propuestas por los investigadores y a cambio recibirían un mejor precio de venta por parte de Alquería en la leche producida.

León Guevara confiesa que el proceso de cambio de prácticas tradicionales para el proyecto fue supremamente difícil, puesto que para las comunidades el objetivo principal era obtener la mayor ganancia con sus cultivos, no siempre considerando la variable de la sostenibilidad del territorio. Así, las metodologías participativas que se desarrollaron en el proyecto cobraron vital importancia, pues era necesario crear conciencia sobre el cambio climático y sus consecuencias, así como convencer sobre la viabilidad técnica de desarrollar sistemas agroforestales en pequeñas partes de las fincas. Por estas razones, el equipo de académicos investigadores se inspiró en algunas de las técnicas que el autor Frans Geilfus aborda en las “80 Herramientas para el Desarrollo Participativo”. En primer lugar, para la socialización del proyecto en las veredas se realizaron charlas informales con miembros de las comunidades y diálogos con los presidentes o juntas de las Asociaciones de agricultores de la región. Posteriormente, inició una etapa de capacitaciones sobre el tema de los servicios ambientales, en las cuales se hicieron actividades donde la comunidad era protagonista, tales como lluvias de ideas (diálogo no estructurado donde se permite la fluidez conversacional de los actores) o el mapeo a mano alzada de las fincas para identificar y priorizar los problemas y oportunidades de servicios ambientales en su propio territorio. Una de las estrategias más eficaces para generar el cambio hacia una visión de sostenibilidad ambiental, según resalta León Guevara, fue la estrategia de realizar intercambios con otras comunidades donde ya se venían trabajando prácticas sostenibles. Algunos de los campesinos vinculados al proyecto viajaron al municipio de Manizales, ubicado en el departamento de Caldas, Colombia. Allí, otras comunidades indígenas ya habían empezado a trabajar con biodigestores (contenedores de materia orgánica donde se genera gas o fertilizantes) y energías limpias como el compost (producto de desechos orgánicos que sirve después como abono para los cultivos). Cuenta el coordinador general del proyecto que cuando la comunidad vio los beneficios de esas prácticas desde los ojos de sus homónimos, fue evidente el avance en la conciencia sobre los beneficios de cambiar ciertas técnicas en el manejo de sus cultivos. Finalmente, la decisión final sobre si adoptar sistemas agroforestales en las fincas o no, estuvo a cabeza de los mismos campesinos sin que la posición de los investigadores pretendiera imponerse. No obstante, hubo una buena recepción general a las propuestas que el estudio logró formular y socializar.

Actualmente, el equipo de investigadores que lideró el proyecto hace un monitoreo anual a las fincas estudiadas sobre la medición de carbono que emiten. Pese a que no se ha contado con los recursos suficientes para iniciar otra fase del estudio que permita terminar de consolidar alternativas de mitigación del cambio climático de diferentes agroecosistemas, este proyecto abrió las puertas para que la Corporación Autónoma de Nariño (autoridad ambiental de la región) apoyara otras investigaciones de evaluación de captura de carbono y restauración ecosistémica en tres páramos de Nariño: Pajablanca, Ovejas y Azufral. Así mismo, en 2009 algunas Universidades y los Ministerios de Agricultura y de Ambiente y Desarrollo Sostenible, convocaron a aquellos grupos que realizaron estudios en 2008 para crear la Red Interinstitucional de Cambio Climático y Seguridad Alimentaria-RICCLISA, compuesta un una gran variedad de actores de Ciencia, Tecnología, Innovación, públicos y privados; relacionados con el tema del Clima y/o la Agricultura. Esta Red es una de las iniciativas que se resaltan en la “Estrategia institucional para la articulación de políticas y acciones en materia de cambio climático en Colombia”, presentada por el Departamento Nacional de Planeación; y busca ser una plataforma para facilitar el intercambio y consolidación de información sobre el impacto del cambio climático en la seguridad alimentaria del país a partir de proyectos conjuntos entre todos los actores que la componen.

Commentaires

Es evidente que un proceso participativo en el que se involucre de forma horizontal a la comunidad, es vital para que sea efectiva y sostenible la adopción de nuevas prácticas que aportarán en la mitigación del cambio climático a través de la captura de CO2. Para reforzar esta idea, será necesario observar el seguimiento que anualmente los investigadores realizan a las emisiones de este compuesto en las fincas intervenidas en el proyecto. No obstante, los avances logrados hasta el momento permiten inferir que una forma concertada de adelantar estrategias de mitigación al cambio climático, son más propicias y adecuadas, pues permite a los miembros de la comunidad observar de forma consciente la importancia de sus acciones frente al fenómeno.

La experiencia del proyecto “Evaluación y desarrollo de alternativas de mitigación del cambio climático de diferentes agroecosistemas” es una muestra de cómo la Academia puede trabajar directamente en las prácticas tradicionales de las bases ciudadanas con el fin de modificarlas de acuerdo a un discurso teórico científico concreto. En este caso, el cambio climático fue el eje transversal sobre el que el estudio giró para crear alternativas de mitigación, a partir de estrategias particulares como la creación de sistemas agroforestales en los territorios propiedad de los agricultores. Esto conlleva a que algunas áreas de las fincas donde se llevó a cabo la investigación, pudieran servir como zonas de reforestación y conservación. Por supuesto, esto puede representar la falta de ingresos monetarios para la comunidad en tanto que parte de su territorio no está produciendo los recursos con que se comercia, o se cuenta con una zona más reducida para el pastoreo del ganado.

Teniendo en cuenta lo anterior, se explica que para una comunidad rural sea difícil acuñar prácticas sostenibles cuando éstas pueden no representar, en términos de Pierre Bourdieu, capital económico o, por el contrario, disminuirlo. En ese contexto, el decreto 0953 de 2013, mediante el cual se estipulan algunas regulaciones sobre esquemas de pago por servicios ambientales; puede ser una buena opción para incentivar el tipo de prácticas que el proyecto buscó consolidar. No obstante, es claro que si en el intermedio de esta consolidación no se encuentra el aspecto monetario, es difícil que las comunidades rurales en general consideren oportuno o viable adjudicar parte de sus terrenos a la conservación. En este sentido, vale la pena reflexionar sobre la posibilidad de generar capital cultural alrededor de, por ejemplo, el cambio climático, con el fin de que la implementación de sistemas agroforestales pueda ser vista como un aspecto de vital importancia para incorporar dentro de las tomas de decisión de las comunidades. Es allí donde cobran especial importancia las estrategias participativas para consolidar prácticas que aporten en la mitigación del cambio climático en zonas rurales.

Bibliographie

Notes

EVALUACIÓN Y DESARROLLO DE ALTERNATIVAS DE MITIGACIÓN DEL CAMBIO CLIMATICO DE DIFERENTES AGROECOSISTEMAS, MUNICIPIO DE GUACHUCAL, CUMBAL, PUPIALES, PASTO. Jorge Fernando Navia Estrada, Javier Aníbal León Guevara. Informe 2011

 

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